Quesabesde
Interview by Ivan Sanchez
spanish, 2015
”No me interesa el periodismo objetivo a secas”
Pocos fotoperiodistas dicen alto y claro que cuentan la realidad desde su particular punto de vista. Maxim Dondyuk es de los que no lo esconde. El ucraniano defiende una fotografía documental con un marcado trazo personal, emocional. Una fotografía periodística pero al mismo tiempo artística. Quizás estemos ante uno de esos casos en que las fronteras se diluyen y las diferentes disciplinas convergen, y quizás sea por eso que su impresionante trabajo sobre las revueltas de Maidán no tuvo cabida –como él mismo se lamenta- en los World Press Photo. Dondyuk, que el año pasado fue galardonado con el premio Rémi Ochlik en Visa pour l’Image, nos habla de su intensa y absorbente relación con la fotografía.
¿Cómo te metiste en esto de la fotografía?
Comencé con la fotografía al tercer intento. Mis dos primeros acercamientos fueron durante mi infancia: cuando me regalaron mi primera cámara -una Smena- y al cabo de un tiempo cuando me uní a un grupo de fotografía, pero el entusiasmo no me duró demasiado.
Pero a la tercera va la vencida. Trabajaba como cocinero en un restaurante en Járkov [al este de Ucrania]. Me pasaba dos semanas en los fogones y una en casa, así que decidí que necesitaba un hobby. De esta forma comenzó mi relación con la fotografía. Al inicio leí muchos libros sobre artes visuales y fotografía y practicaba lo que había aprendido al salir del restaurante. En ocasiones llegué a trabajar como fotógrafo. No por dinero, sino para ganar experiencia.
Después de un año dejé el restaurante y pasé a trabajar como fotoperiodista para los grandes medios de comunicación ucranianos. Allá por el 2010 entendí que necesitaba más libertad, así que dejé de trabajar para ellos y me hice free lance, para poderme dedicar a crear y promover mis propios proyectos a largo plazo.
No he tenido una educación muy artística que digamos. En mi familia no hay artistas ni fotógrafos. Todo lo que sé lo he aprendido en libros, exposiciones, museos y clases magistrales.
Básicamente fotografío cosas que me interesan o que son muy importantes para mí. Cuento la historia mediante la fotografía, pero no pongo mucho interés en si soy fotoperiodista, fotógrafo documental o artista visual. Siento que la fotografía forma parte de mí mismo, de mi alma.
En Maidán me resultó difícil verme rodeado por cientos de compañeros fotógrafos porque estoy acostumbrado a trabajar solo: somos la historia que estoy contando y yo. El principal motivo por el que fui a Maidán es porque estaba ocurriendo algo en mi país y en mi propia ciudad. Se convirtió en algo personal de lo que no podía mantenerme al margen.
Tu proyecto sobre el conflicto en Ucrania tiende mucho más hacia la fotografía documental que hacia el fotoperiodismo. ¿Qué te hizo decantar la balanza?
¿Qué crees que es necesario para hacer buena fotografía?
La fotografía, como cualquier otra obra artística, es una especie de cápsula que encierra las emociones del artista. La buena fotografía ha de ser emocional. El espectador debería sentir las mismas emociones que tú sentiste en el momento de fotografiar. Si una fotografía es técnicamente buena pero está vacía de emociones, es una fotografía sin vida. Por supuesto que los aspectos técnicos son importantes, pero una vez aprendidos hay que automatizar el proceso, olvidarse de él y poner toda la atención en las emociones.
¿Qué fotógrafos te han influido más y de qué manera?
Desde el momento en que comencé a fotografiar he ido evolucionando junto a mi trabajo. Mientras vivía en Járkov estuve influido por la escuela fotográfica de la ciudad. Ni siquiera podía imaginar que un día podría ser fotoperiodista. Todo cambió cuando me mudé a Kiev, donde me introduje en ese mundo y no tardé en absorber sus influencias; seguía a diario las webs de las agencias de noticias como Reuters o AP.
”No pongo mucho interés en si soy fotoperiodista, fotógrafo documental o artista visual. Siento que la fotografía forma parte de mí mismo, de mi alma”
Finalmente me sumergí en el mundo de la fotografía documental. Revisaba los archivos de los fotógrafos de Magnum, me inspiré con las imágenes de James Nachtwey, Sebasitao Salgado o Yuri Kozyrev. Pero creo que me siento más influido por escritores y pintores que por fotógrafos. Cada vez que voy a un país nuevo visito museos y galerías. Adoro los cuadros de los realistas que llegaron a pintar importantes escenas de batallas sin olvidar la importancia de la estética. Son cuadros muy bonitos.
En lo que respecta a mi mundo personal, la fotografía me ha ayudado a vivir un montón de vidas diferentes junto a los personajes de mis historias. Algunas de ellas muy tristes, otras emocionantes. Por supuesto, todos estos momentos me han cambiado, han moldeado mi pensamiento y me han ayudado a ver mi propia vida desde otro punto de vista.
También haces proyectos multimedia. ¿Qué te lleva a contar una historia con vídeo o foto?
A mediados de 2013 empecé a considerar seriamente por varios motivos la opción del vídeo documental. Por aquel entonces me parecía una herramienta más potente para contar historias con cierto calado social. Así que me lancé a grabar un documental para mi proyecto “Crimea Sich” [sich es una derivación de sikty, que significa cortar o talar y hace referencia al clareado de un bosque para construir una fortificación]. Fui con mi hermano a Crimea y nos gastamos hasta el último céntimo en el equipo. Fue un intento de encontrar respuestas a las preguntas que me rondaban por la cabeza.
”Si una fotografía es técnicamente buena pero está vacía de emociones, es una fotografía sin vida”
Fui seleccionado para la beca a directores de vídeo documental en el American Documentary Film Festival de Ucrania. Fue durante este periodo que estalló el conflicto en el Euromaidán. No sabía si continuar con mi proyecto o ir a Kiev. Tampoco tenía claro cómo quería documentarlo: ¿con fotos o con vídeo?
Al principio me dediqué a mirar, analizar y encontrar respuestas. Si creía que la historia era importante para mí, tenía que hacerla en vídeo. Pero de repente le di una segunda oportunidad a la imagen fija, porque entendí que estaba viendo todo aquello mediante imágenes asociadas que contenían respuestas al qué, el dónde, el cuándo y también a un nivel más asociativo.
Alguna vez has dicho que para ti la fotografía es como Twitter. ¿En qué sentido?
La cosa tiene gracia porque yo no afirmé eso. Simplemente en una entrevista le comenté al periodista que odio las redes sociales, Twitter en especial. Para mí la fotografía es como mi diario visual, un diario de mis propias emociones. ¡A eso me refería!
En el último año has alcanzado un gran reconocimiento: el premio Rémi Ochlik en septiembre de 2014, el Professional Fine Art Photographer of the Year hace unas semanas… ¿Qué importancia tienen para ti estos premios?
A decir verdad esta historia [en referencia a su trabajo sobre Maidán] tampoco ha cosechado tantos premios. El concurso de fotoperiodismo con mayor reconocimiento [el World Press Photo] la pasó por alto. El premio Rémi Ochlik [al joven fotoperiodista] fue una excepción, y fue realmente muy importante para mí.
”Una parte de la comunidad periodística no está preparada para aceptar mis fotos como documentales. Para ellos son como cuadros sin una relación directa con la realidad”
El resto de premios están más relacionados con la esfera del arte. Está siendo un año muy interesante. Una parte de la comunidad periodística -no toda- no está preparada para aceptar mis fotografías como documentales. Para ellos son algo así como cuadros sin una relación directa con la realidad. Al mismo tiempo he recibido la aceptación de algunas comunidades artísticas que ahora ya no me ven solo como un fotoperiodista.
Lo cierto es que no sé qué decir cuando alguien me dice que mis fotos parecen irreales, como si estuvieran photoshopeadas. No es el caso: la realidad fue así. ¡Qué quieres que le haga si yo veo el mundo exactamente de esa manera!
¿Qué supuso para ti fotografiar el conflicto en Ucrania a nivel emocional, periodístico y político?
Yo solo trabajo a un nivel, el emocional. Y solo cuento mi punto de vista, que es subjetivo.
¿Cuál fue ese punto de vista en Maidán y el este de Ucrania? ¿Qué querías contar?
Yo solo quería observar y documentar lo que estaba sucediendo en mi país. La historia que fotografié en el este de Ucrania todavía no se ha publicado. De hecho ni siquiera he hecho una edición final. Es una página de ese diario personal a la que todavía no estoy preparado para volver. No estoy listo para mostrarlo.
Muchos colegas me dicen que invierto demasiado tiempo en pensar la historia. Pero es que precisamente hay ocasiones en las que el análisis y el entendimiento conllevan más tiempo que la propia fase de fotografiar. No concibo la fotografía como un trabajo. Por eso no me marco plazos. Necesito estar preparado y seguro [para hacer público mi trabajo].
Estamos hablando de tu propio país, de tu gente. ¿Cómo compatibilizas toda esa subjetividad de la que hablabas con la veracidad?
Todos tenemos nuestra propia verdad, así que no le doy muchas vueltas. Yo tan solo tengo un punto de vista propio que comparto a través de mis fotos. Se trata de una guerra en mi país, así que claro que detesto que se den ciertas situaciones. Eso lo puedes ver y sentir a través de mis imágenes.
”Yo solo trabajo a un nivel, el emocional. Y solo cuento mi punto de vista, que es subjetivo”
Pero en todo momento busco la forma de contar y entender la historia desde ambos lados. En Maidán estuve con los manifestantes y la policía; en Donbass, con los separatistas y el ejército ucraniano. Pero en cada caso me posicioné con unos u otros. No me interesa el periodismo objetivo a secas.
Muchos fotógrafos -por ejemplo, Donald Weber en un famoso artículo para Vantage- han afirmado que los fotoperiodistas se centraron demasiado en la plaza Maidán, dando una versión apocalíptica de Ucrania mientras en las calles adyacentes la vida continuaba su curso normal. ¿Crees que eso ha proporcionado a la opinión pública una información sesgada?
Todo se gestó como si un pequeño pueblo en el centro del país se declarase independiente [Dondyuk hace referencia a lo que representó Euromaidán durante aquellos días]. Los fotógrafos que estaban allí mostraron exactamente lo que estaba pasando. Cualquier persona en su sano juicio es capaz de entender que no se trataba ni de toda la ciudad ni de todo el país. Cualquier persona mínimamente capaz entiende que en un país puede haber batallas y celebraciones festivas simultáneamente.
Respecto a lo que dijo Donald Weber, sus historias modificaron la situación de la misma manera: también daban a entender que eso estaba ocurriendo en todo el país. Creo que sus fotos de las armas que portaban los manifestantes, los cócteles molotov y los retratos posados cuentan la historia de lo que ocurrió en Ucrania de forma incluso peor.
¿Qué rol crees que tienen las agencias en esto?
No tengo relación con las agencias, así que no puedo responderte a esta pregunta.
En 2011 trabajaste con enfermos de tuberculosis. ¿Es un problema grave en Ucrania? ¿Qué fue lo que te motivó a fotografiar este tema?
En un determinado momento me di cuenta de que me interesaban los temas sociales. Creo que podría deberse a mi pasión por los trabajos de James Nachtwey y Sebastiao Salgado. En ese momento de mi vida leí un montón de entrevistas que habían dado, y no me cansaba de ver sus fotografías, intentando entender qué les motivó a ellos.
Comprendí que no necesitaba salir de mi país, porque aquí tenemos tantas problemáticas de tipo social que lo único que me hacía falta era decidir una que me interesara descubrir. Me decanté por la tuberculosis porque yo también me creía todos los estereotipos alrededor de la enfermedad y no me imaginaba que a nivel nacional pudiera tener el estatus de epidemia.
El tema me fue absorbiendo a medida que me adentraba en él, y le fui dedicando cada vez más parte de mi tiempo libre. Cuatro meses después de comenzar el proyecto perdí mi trabajo y mi novia me dejó. No tenía dinero ni dónde vivir. Pero cuando comparaba mis problemas con lo que estaba documentando, los míos no parecían tan terribles.
”El tema [de la tuberculosis] me fue absorbiendo a medida que me adentraba en él. A los cuatro meses perdí mi trabajo y mi novia me dejó”
Tuve que irme de Kiev porque no podía permitirme pagar un alquiler. Por un tiempo viví en las regiones donde estaba trabajando, incluso en hospitales para tuberculosos. Este proyecto se convirtió en parte de mí. Traté de sumergirme en la vida de un hombre con tuberculosis tanto como pude. Por aquella época tenía un gran interés por las novelas de Hunter S. Thompson, que influyeron mucho en el planteamiento del proyecto.
Tras dos años exhaustivos comprendí que necesitaba parar porque ya no distinguía los límites y había entrado en algo demasiado profundo con todo aquello. El contacto tan cercano con la muerte, particularmente lenta en el caso de la tuberculosis, me enseñó a apreciar cada día de mi vida y a acostumbrarme a la muerte. Tengo que agradecer a todos los amigos que me ayudaron en aquel periodo. Mis valores vitales han cambiado.
Hay varias historias terribles en este proyecto.
Tienes razón: hay demasiadas historias emocionales y conmovedoras. La de Gena es una de ellas. Le conocí en un el patio del hospital. Estaba sentado en un banco. Nos presentó su mejor amigo de la infancia, Valera, con quien ya estaba trabajando [en el mismo proyecto]. Entonces no fui capaz de advertir que aquel breve encuentro podría tener serias consecuencias para ambos.
Mientras tomábamos cerveza me comentó que hacía ya seis años que contrajo la enfermedad sin saber cómo. Trabajaba en un barco pesquero en [la península de] Kamchatka cuando recibió una carta de su madre en la que le explicaba que estaba muriendo, así que regresó a Jersón. Allí tuvo que afrontar el problema de no encontrar trabajo y comenzó a beber, pero al menos podía continuar pescando y ganarse el pan.
Con Gena prácticamente nos veíamos cada semana. Le visitaba en el dispensario para tuberculosos de Jersón para verle y fotografiarle. Su estado fue empeorando, y comenzó a necesitar un bastón para caminar. En el hospital conocí a su madre, que se había recuperado. Tuvo que vender todo lo que tenía y recogía botellas que llevaba a reciclar para pagar el tratamiento y la comida de su hijo. Pero el tratamiento no fue eficaz.
Gena apenas podía caminar y había perdido el apetito. Recuerdo el día en que lo fui a ver al hospital y le llevé su zumo de fresas preferido, puré de frutas y cigarrillos. Se sentía muy mal, casi no se podía mover. Charlamos durante un par de horas.
Aquella fue la última vez que lo vi con vida. Llamé a la mañana siguiente, pero no pude hablar con él. De camino al dispensario me llamó su madre: Gena había muerto a las 8:30 de la mañana. La ayudé a llevar sus cosas a casa. Me enseñó fotos familiares, me contó historias y sonrió, pero lloraba al mismo tiempo, sin llegarse a creer que su hijo hubiera muerto. No pude ni imaginar un dolor tan humano. Valera vino después del trabajo y nos quedamos con la madre de Gena hasta que se durmió.
El día siguiente fue el más duro. Tuve que acompañar a la madre de Gena a la funeraria para que escogiera un ataúd, una cruz y las coronas de flores. Lloró sin parar, así que no la dejé sola ni un momento y le hice casi todas las gestiones. Dábamos la impresión de ser abuela y nieto. El día del funeral fuimos a la morgue a recoger el cuerpo de Gena y llevarlo a casa para la ceremonia ortodoxa y luego al cementerio.
Ayudé a colocar el cuerpo en el ataúd porque no había nadie más para hacerlo. A Valera solo le queda un pulmón funcional y tiene dificultades hasta para caminar. Fue un funeral muy modesto. Tuve que pedir sillas a los vecinos para colocar la caja y estar atento a su madre porque ya se había caído una vez. Poco después llegaron algunas personas más.
Gena, que me llamaba Maksik y siempre se alegraba de verme, que se mantuvo risueño hasta el final, había muerto. Nunca antes había fotografiado el funeral de una persona; solo el entierro colectivo de unos mineros, rodeado de prensa. Como solo había tres hombres para llevar el ataúd tuve que echar una mano.
De esa manera crucé mi propia frontera, que separa el fotógrafo de la persona. Siempre había dicho que un fotógrafo no debe ayudar cuando su labor es testimoniar con la cámara, pero, ¿cómo podía hacer eso cuando no había nadie más alrededor, cuando yo era el único que podía echar una mano?
Esas imágenes son muy atmosféricas y se han convertido en parte de tu estilo. ¿Qué importancia le das al aspecto visual frente al narrativo? ¿Han de ir siempre de la mano?
Yo creo en la fotografía documental, en la que el fotógrafo no interviene en la realidad, no pide que se escenifique nada y cuenta solo con ese instante antes de que todo pase. Pero a veces tengo la sensación de que el lenguaje fotográfico actual no me es cercano. Encuentro más inspiración en los artistas realistas del pasado siglo. Me gusta crear arte moderno, pero yo trabajo más como un escultor que como un pintor. Desde mi postura, la realidad es un bloque del que extraigo las partes innecesarias para crear imágenes.
”Si solo queremos ver lo que ocurrió, podemos consumir noticias directamente de la agencia o los telediarios de las cadenas de televisión”
Yo creo que la historia se va hilando a través del lenguaje visual de las fotografías que la componen. Son esas imágenes las que crean atmósfera y muestran emociones. A nivel narrativo creo que no es necesario mostrar todos los aspectos de la vida de una persona (cómo se levanta, qué desayuna el personaje) como hacen muchos fotógrafos. El sentido narrativo de la historia se crea solo a partir de la unidad de todas las fotografías que lo componen.
¿Qué opinas de la controversia que suscitan algunas fotografías casi artísticas, con una luz, un color y una composición bellas para contar una historia triste?
Creo que la fotografía clásica en blanco y negro ha dramatizado las historias mucho mejor que cualquier fotografía en color. Yo estoy a favor de la fotografía subjetiva, a través de la cual el espectador puede sentir al artista. Si solo queremos ver lo que ocurrió, podemos consumir noticias directamente de la agencia o los telediarios de las cadenas de televisión.
Tu trabajo se centra en Ucrania. ¿No has trabajado en otros lugares?
Por el momento no, pero está dentro de mis planes: saldré de de Ucrania sin lugar a dudas, porque estoy un poco cansado. Por supuesto que me gustaría fotografiar en otro país, pero hasta el momento no he tenido ningún encargo y no tengo suficiente dinero para hacerlo por mi cuenta porque no quiero ir a un lugar durante solo un par de semanas. Necesito al menos tres meses.